Los monasterios del Morava

La trágica derrota de los ejércitos serbios por los turcos en la Batalla de Marica en 1371 tuvo dos consecuencias a largo plazo para el destino y el futuro del Estado de Serbia y de su gente. Las regiones del norte del antiguo reino, que especialmente en la época de los primeros gobernantes de los Nemanjić fueron regiones olvidadas, en la época del Príncipe Lazar y el Déspota Stefan Lazarević se convirtieron en lugares de excepcional importancia. Pasaron a ser el centro de la Serbia del Morava y del régimen del Déspota, donde a pesar de la falta de tradición anterior nacieron movimientos culturales importantes y significativos en lo que era una nueva escuela de arte, que en la originalidad de su expresión fue más allá de las fronteras relativamente limitadas de un estado rejuvenecido.

La Escuela de arquitectura del Morava, la última gran época en el arte medieval serbio, duró desde 1371 hasta 1427. Sin embargo, sus reverberaciones se pueden rastrear durante todo el camino hasta la pérdida de independencia de Serbia en 1459, cuando la actividad artística se extinguió y desaparecieron sus últimas manifestaciones.

En la región casi desértica y vacía de Pomoravlje y alrededores, surgió una forma de arte que sintetizó movimientos artísticos anteriores del Imperio bizantino y de Serbia, mezclado con algunos elementos nativos, sobre todo en la arquitectura. Serbia, como uno de los últimos estados libres donde habitaban cristianos ortodoxos en los Balcanes, se convirtió en oasis y refugio para los grandes talentos y para personalidades brillantes, entre los cuales, los arquitectos, los pintores y los escritores fueron la mayor contribución al renacimiento artístico y cultural.

La arquitectura religiosa de la Serbia del Morava vio la creación del viejo símbolo del trébol (tres hojas), traído a través de Macedonia desde el Monte Athos. La disposición y configuración escalonada de los materiales de construcción le dan un aspecto vertical y pronunciado a las edificaciones, por encima de las cual se eleva una cúpula central única, o cinco cúpulas centrales y otras cuatro en las esquinas. Las fachadas – construidas en piedra y ladrillo, interrumpidas por cornisas en forma de cordón, arcos y arquivoltas, decoradas con una mezcla de trenzas esculpidas y rosetones, adornos de cerámica y otros adornos alrededor de las ventanas y portales, otorgan a las iglesias y monasterios de Morava el refinado sentido del gusto y del sentimiento poético de los artesanos que las construyeron y de quienes las mandaron construir.

Manasés

Ravanica

Kalenić